
Muchos autores han marcado el libro de Tim Gallwey, El juego interior del tenis, como uno de los referentes del coaching europeo. Su contenido plantea un cambio de enfoque en el modelo de aprendizaje y expone premisas sencillas sobre el rendimiento y la liberación del potencial. Este libro ha tenido, a lo largo del tiempo, tal repercusión que a partir de él se han ido publicando otros de igual temática pero diferente aplicación; el juego interior del golf, el juego interior del esquí, etc.
Desde hace un tiempo, desde HumanLab, por motivaciones profesionales y personales, venimos investigando la práctica del esquí para el entrenamiento del juego interior y es de lo que hoy nos gustaría hablaros.
Comenzamos con la lectura del libro “El juego interior del esquí” y con algunas prácticas en el terreno. Con este trabajo ya realizado sobre la materia, os acercamos, bajo el caluroso sol de verano, nuestras reflexiones a cerca del esquí y sus bondades para el trabajo de coaching personal y ejecutivo.
El esquí como deporte tiene algo mágico que no tienen otros deportes. Cuando una bajada funciona puedes sentir la sensación de fluidez, de perfección, y dejarte llevar a sabiendas de que todo va salir bien. Sientes una claridad mental y física difícil de explicar. Sin embargo, existen otros momentos en los que todo se nubla, lo que iba bien empieza a torcerse y solo quieres terminar la pista para recuperarte, sobreponerte y comenzar de nuevo. La sensación de fluidez desaparece mientras te preguntas ¿qué me pasa?, ¿por qué no atino a bajar como sé que puedo hacerlo?.
Y he aquí el juego interior. El juego que nos traemos en nuestra cabeza de decirnos lo que hacemos mal, de culpar a las condiciones meteorológicas, a la cantidad de gente que entorpece nuestra bajada o culparnos a nosotros mismos, de lo poco que hemos mejorado o lo que hemos ido perdiendo con el tiempo… Mil pensamientos invaden nuestra cabeza mientras la sensación de fluidez se desvanece.
No es nuestra técnica o las condiciones externas las que dificultan nuestro rendimiento, son las dudas, los miedos y los pensamientos que tenemos en la cabeza lo que lo dificultan.
Con la práctica del juego interior del esquí aprendemos a desarrollar una relajación concentrada, a confiar en el potencial y la sabiduría de nuestro cuerpo y a entender las dificultades del entorno como oportunidades que nos ayudan a generar mayor confianza en nosotros mismos.
Consiste en desaprender hábitos adquiridos y confiar en la inteligencia innata de nuestro cuerpo. Es una cuestión de armonizar con la naturaleza, de no resistirse y dejarse llevar. Si luchas pierdes mucha energía, sin embargo, si consigues armonizar con tu entorno, ganas fuerza. A veces, cuanto más queremos controlar algo, más nos esforzamos pero a la vez más rigidez transmitimos a nuestro cuerpo.
También es interesante como podemos trabajar los miedos a través del esquí. En el esquí se abordan “riesgos controlados” que te hacen moverte entre la sensación de miedo y de excitación. El miedo es el mayor obstáculo en un proceso de aprendizaje, tenemos que desprender lo conocido para adentrarnos en lo desconocido, salir de nuestra zona de confort.
¿Y cómo se trabaja todo esto en con la práctica del esquí?
Escuchando los pensamientos que pasan por nuestra mente cuando bajas esquiando: la autocrítica, el autoanálisis y las preocupaciones. Según Timothy Gallwey tenemos dos “yo”. El “yo” número 1, esa voz crítica que nos juzga, nos analiza y nos da instrucciones. Nuestros miedos y hábitos que hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida. Y el “yo” número 2, nuestro potencial, nuestra inteligencia natural. El “yo” número 1, entorpece la aparición, en su máximo explendor, del “yo” número 2 mientras trata de darle instrucciones .
Tanto con la práctica del esquí, como con otras técnicas de coaching, una vez introducidos estos conceptos, se trabaja el “yo” número 1 para calmarlo y acallarlo al máximo y se potencia el “yo” número 2.
Para ello, se comienza con el reconocimiento de nuestro “yo” número 1, observando nuestros pensamientos sin juzgarnos. Y a partir de aquí trabajamos el “yo” número 2. ¿Cómo?. Trabajando nuestro autoconocimiento, el conocimiento de nuestro potencial, generando confianza en nosotros mismos y seguridad. Para ello vamos aumentando en el nivel de dificultad brindando retos asumibles cuyo logro genera una sensación de satisfacción y confianza en uno mismo.
Evidentemente, la práctica del esquí, vista desde esta perspectiva, y la práctica del trabajo en nuestra empresa tienen muchos puntos en común ¿te atreves a decirnos cuales? ¿te apetece probar el próximo año?
Buenos dias
Me gusta vuestro enfoque del esquí y del coaching
Soy profesor de esquí desde hace 35 años y coach deportivo, y coach corporativo en formación.
¿Podrian darse puntos de encuentro o colaboración entre nosotros?
Quedo a la espera de vuestra opinión y respuesta
Cordialmente
Miquel Riera