Cuando un candidato afronta la situación de búsqueda de empleo se ponen en marcha procesos personales que no siempre tenemos resueltos. Sentimos desorientación por desconocimiento de nuestros propios intereses. Sentimos inseguridad y falta de confianza en nuestras habilidades. Sentimos miedo y disgusto frente a la posibilidad de ser rechazados. Y además sufrimos incertidumbre profunda y en ocasiones crónica. La entrada de un blog no da para abordar todos estos aspectos por eso esta vez nos vamos a centrar en la incertidumbre.
Incertidumbre significa ausencia de certezas. Implica ambigüedad y falta de predicción. Y cualquiera que haya tenido que afrontar la incertidumbre sabe que el mejor de los casos molesta y el peor te arranca la seguridad y la alegría de cuajo.
A los hechos objetivos como la falta de oportunidades profesionales, la tasa de desempleo o las condiciones laborales, el candidato además tiene que sumarle la subjetividad de una incertidumbre total sobre cuando, cómo y donde encontrará trabajo.
Los que amamos e investigamos la creatividad sabemos que uno de los rasgos de la persona creativa es que posee una gran tolerancia a la incertidumbre. Y lo mismo podríamos decir de los emprendedores quienes ven en los finales abiertos grandes oportunidades de innovación. Pero claro, no todo el mundo ha decidido embarcarse en un proyecto creativo ni se considera emprendedor verdad?
Pues malas noticias, parece que la economía y los mercados esta vez han decidido que independientemente de nuestras preferencias o necesidades todos vamos a tener que lidiar con la incertidumbre. Y cuanto antes lo aceptemos antes podremos sobreponernos.
Y esto es todo lo contrario a una tarea fácil. Incertidumbre significa acampar por tiempo indeterminado a 25 º bajo cero sobre arenas movedizas. Así que entiendo perfectamente que cuando los creativos, los entusiastas o los coaches arengan sobre las bondades de la ambiegüedad alguno pueda sentirse estafado.
Pero el caso es que la incertidumbre existe. Hasta el momento, los alérgicos a la ambigüedad han podido evitarla aunque ahora forzosamente tenemos que integrarla en nuestras vidas y más concretamente en los procesos de búsqueda de empleo.
Aquí os proponemos 3 pautas que pueden ayudarte a minimizar los efectos nocivos de la incertidumbre.
1. Aceptación: ¿os suena la resistencia al cambio? Pues bien, a mayor resistencia menor aceptación. Toda la energía que utilizamos en resistirnos a abandonar viejas creencias o situaciones es energía que no dedicamos a nuestro nuevo objetivo. El trabajo como la vida es cíclico y tiene etapas que abrir y cerrar.
Cuando una persona lleva mucho tiempo buscando trabajo y no lo encuentra a lo mejor hay que dar un giro al proceso, replanteándose el tipo de trabajo que uno busca, la forma en la que lo hace o el lugar. Hay que saber cuando parar la maquinaria para enfocarse en otra cosa. Por tanto antes de continuar en una búsqueda estéril asegurarte de no estar empeñándote más de la cuenta.
2. Rumbo: A veces cuando nadamos en un mar de incertidumbre parece imposible marcarse objetivos porque los objetivos nos hablan de planificación, de estructura y de supuestos concretos. Y es cierto que si desconozco por completo la situación futura es complicado establecer metas a corto y medio plazo.
No obstante, si podemos esbozar un horizonte hacia el que dirigirnos, algún dato simbólico que nos marque la dirección en la que trabajar y poner nuestros esfuerzos. Por ejemplo, no es lo mismo dedicarle mis esfuerzos a la búsqueda de empleo en Brasil que en USA. Aún en las circunstancias más ciegas, siempre podremos elegir. Otro ejemplo, sigo apostando por encontrar un trabajo como arquitecto o aprovecho los idiomas que domino para reenfocar mi carrera?
A veces estamos tan bloqueados que por mucho que queramos fijar un rumbo, lo vemos todo negro. En este punto funciona muy bien el ejercicio visualizarse a uno mismo en 10 años. Lo ideal es atreverse a soñar como si todo fuera posible y para ello, basta con iniciar la visualización desde la actitud mental del “sin límites”. Cuando el suelo se mueve bajo tus pies, tener identificado un rumbo al que dirigirse proporciona seguridad y confianza. ¿Te ves trabajando en España? Qué tipo de trabajo tienes? ¿Gestionas un equipo? ¿Lideras tu propio proyecto? ¿Cómo es tu espacio de trabajo? ¿En qué proyectos estás implicado? Preguntas como estas pueden a ayudarte a diseñar tu visualización.
3. Practicando el ahora: cuando has aceptado por completo tu situación de inestabilidad y posees una dirección, llega el momento de centrar toda tu atención en el aquí y ahora. La preocupación surge cuando anticipamos situaciones futuras y cuando reflexionamos sobre situaciones pasadas. Sin embargo, cuando eres capaz de centrar toda tu atención en la tarea que realizas en este preciso momento, el miedo y la ansiedad se disuelve dando paso a esa sensación mágica conocida como “Flow”. En estado flow, solo hay cabida para la motivación, el foco y el entusiasmo. Pero como todo en la vida hay que entrenarlo.
La dificultad en la gestión de la incertidumbre consiste en encontrar el equilibrio entre plantear un objetivo a largo plazo y conectarlo con las acciones concretas que te impulsan en la dirección correcta. El reto no es solo ejecutar acciones sino poder disfrutarlas. Tendemos a perdernos luchando en batallas futuras que generalmente nunca suceden. La clave para surfear la incertidumbre es mirar en una dirección y crear el camino a cada paso. Ilusión, confianza y motivación son los mejores antídotos contra el pesimismo y el miedo.
Resumiendo si te encuentras a la deriva en un mar de incertidumbre, acepta que lo que hasta hora funcionaba ya no lo hace. Fija una nueva dirección hacia la que dirigirte. Empieza a caminar y hazte por el camino con los recursos que necesitas. Por último, disfruta del viaje.